BURBUJA

PUAMSTU2016_38215

Clarence H. White

Llovió, llovió y llovió, tanto que el mundo se volvió una burbuja transparente y silenciosa en medio de mi infancia. Una esfera húmeda en la que refugiarse. Elástica me cobijaba, permitiéndome traspasarla sin romperse, restableciendo sus paredes tan pronto me acomodaba en su seno. Útero materno infranqueable para mis enemigos. Inexplotable. Cuando crecí y no me pudo dar acomodo, comenzó a contraerse para que yo empujara sus curvas de agua con denuedo, temeroso de verme engullido en una sístole angosta. En una de mis embestidas angustiosas se dejó romper. Una cascada multicolor traspasada por las últimas luces de la tarde me arrastró hasta los confines de la mesa y me arrojó al suelo. Adolorido y empapado me encontró la noche. Me asaltó un llanto incesante y devastador que no me dio tregua durante días. Cuando mis ojos al fin se secaron, pude observar exhausto, a través de mi ventana, el resultado de lo que parecía habían sido unas devastadoras inundaciones. Por cada lágrima vertida, un damnificado. Incontables. Sepan que cualquier dolor puede desbordarse. El mío, incontenible, procedía de un mundo de agua que yo rompí y que ninguna tierra quiso. El dolor no tiene cauce.

Acerca de cariacontecida

Buscando un lugar de expresión.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s