SUICIDIO

12._little_boy_with_revolver

André Gelpke

Alguien me fotografió antes de que me matara. Podía pasar, estaba en el paseo marítimo. A la caída de la tarde, a mucha gente se le antoja sacar fotos; la fotogenia de los atardeceres. Alguien con un móvil o cámara en ristre me inmortalizó asesinándome. Un fastidio. Una prueba inútil para una investigación.

Y sí, en efecto, llevaba odiándome mucho tiempo. Demasiadas decepciones, demasiada tristeza, demasiado hastío. Cansado de escucharme mis reproches, sin tiempo ya para reparar los errores o para hacer lo que quise y no hice, porque el momento efímero de la oportunidad pasó,  me llamé al teléfono de la casa de mis padres, a la casa donde viví de pequeño,  para pedirme que viniera a hacer el trabajo que yo no me atrevía a realizar. Como me despreciaba mucho, no puse muchos reparos. Puse, eso sí, mis condiciones; el favor no iba a salir gratis, y me exigí entradas al cine durante un mes.  Acudí al cajón donde guardaba la pistola de jugar a los policías y salí del apartamento. Me di tiempo para  entrar, cogerla, salir de casa sin ser visto y para caminar hasta el paseo. Y me esperé con gran espectación. Algo más de una hora, dando vueltas a derecha e izquierda para regresar al mismo banco fijado para la cita. Y me vi, por fin, medio oculto entre la gente, con las manos en los bolsillos. A la hora convenida me vi acercándome, con determinación, a cierta distancia de la baranda. Con más pelo, con mis grandes orejas, y esa expresión de malhumor que siempre pongo para las fotos. Una vez más, contra mi voluntad, se me fotografiaba. Me fui acercando poco a poco, pistola en mano. Se notaba de lejos que no me hubiera reconocido, de no ser por las referencias que me di en cuanto a mi indumentaria. Me pagué lo pactado. Me vi contemplándome fijo desde mis ojos airados de niño, revosantes de decepción.

Fueron varios disparos de infancia a bocajarro, sentí como me perforaban el pecho las ilusiones, los sueños, las esperanzas, los juegos, el primer amor, el tiempo por venir que todavía no había sucedido… La inocencia me alcanzó el corazón. El dolor intenso hizo que me desplomara, mientras manaban en abundante flujo las promesas que me hice y que me estaban desangrando.

Antes de que dejara de ver a la gente que comenzó a rodearme,  antes de que escuchara a alguien llamar a la policía, me vi alejándome a contracorriente, entre la gente que se dirigía a donde yo estaba. Me vi tirando la pistola de juguete al mar, sin volver la vista atrás. Mi cazadora de adulto me quedaba grande, una mancha de claridad que se alejaba hasta desaparecer.

 

 

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