LAS CUATRO Y MEDIA.

ff6b93_4d064e526351452489d212135be31724

Piergiorgio Branzi

Chronos salió del charco, se secó los pies con las hojas de un calendario atrasado y se quedó mirando al crío que no le quitaba ojo.

_ Mira, te voy a dar una hora para que la lleves siempre contigo.

Y es así que desde entonces fue con su tiempo a cuestas. No sólo con el suyo, sino con el tiempo ajeno de aquello y aquellos con los que tuvo relación; el que cercenó a los árboles que taló y el que le prestaron aquellos en los que se apoyó, el  tiempo perenne de las cosas que poseyó y compartió, el de las personas que amó y odió, el compartido con  los animales que cuidó y el arrebatado a los que cazó.

Apenas lo dejaba reposar unos instantes sobre el suelo para volver a cargarlo otra vez sobre la espalda, paulatinamente más encorvada. En las noches, su hora le velaba  el sueño en permanente vigilia, suspendida en la pared hasta el amanecer. Era despuntar el sol y ya el reloj, indefectiblemente, le caía encima; sin hacer mucho ruido, eso sí, y sin lastimarlo casi nunca, para que lo acarreara otro día más.

Cuando los días pasados trasegando con su reloj le combaron la espalda hasta ya no poder separar el tronco más allá de una cuarta del suelo, decidió que ya era suficiente. Se acostó y no se levantó al amanecer, cuando la hora se le venía siempre encima. Le retiraron el reloj y lo volvieron a colgar en la pared. Un reloj parado, con la insistencia de los despertadores que no conseguimos apagar.

Los suyos sesteaban, mientras él se dejaba arrullar por el canto del ruiseñor. El reloj descendió de nuevo para dejarse caer a su costado y no encima, como de costumbre. El ruiseñor no había acabado su canto, cuando dieron las cuatro y media. A esa hora, Chronos había vuelto a caer en un charco y se secaba los pies.

Su hija depositó la merienda sobre la mesilla, espantó al ruiseñor del alféizar, cerró la ventana, zarandeó a su padre, le tomó el pulso, colocó un espejo bajo su nariz y le besó largamente los párpados cerrados, acariciándole el pelo ralo. Se apresuró en regresar a la cocina con el reloj en las manos. Fue arrojado a la basura entero, ya que no pudieron despiezarlo o romperlo. Un pobre lo recogió y lo colgó en su chabola.

Anda quejándose de que el reloj se le cae encima a deshora y que las cuatro y media son muy pesadas cuando se le suben a la chepa.

 

 

 

 

Anuncio publicitario

Acerca de cariacontecida

Buscando un lugar de expresión.
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

5 respuestas a LAS CUATRO Y MEDIA.

  1. Saludos de tu nuevo vecino… j re crivello ¿Buscas editor?

    Le gusta a 1 persona

  2. Lo que escribes es maravilloso. Me enanta.

    Le gusta a 1 persona

    • Gracias infinitas por tus elogiosos comentarios, Javier. Los voy haciendo a ratos perdidos, pero resulta muy gratificante que lleguen a ser del agrado del que los lee. Eso me empuja a seguir haciéndolos. De nuevo, gracias por tu amable lectura. Un abrazo bien grande.

      Me gusta

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s