ACANTILADO

minkkinen

Arno Rafael Minkkinen.

La joven sentía una atracción suicida por los acantilados y precipicios. Pese a las graves lesiones  autoocasionadas por su irrefrenable afán por caer y lastimarse, nadie le obstaculizaba la caída cuando el abismo la llamaba con una atracción irresistible, arrastrándola con toda su gravedad. Siempre estaba sola cuando se arrojaba a ellos. Caminante solitaria como era, también había aprendido a curarse sola los reiterados quebrantos que su manía le ocasionaba. La intención era perecer, pero no había encontrado barranco, acantilado o precipicio que acabara con ella. Se empecinaba en desafiar su destino de superviviente, sin éxito. A las consecuencias ya se había acostumbrado; al dolor, a las rupturas, a los desgarramientos, a los traumatismos, a las heridas que, una vez cerradas, la fueron dejando llena de cicatrices, dibujando el  mapa de los suicidios fracasados.

Comprendió que no era su destino morir despeñada, por más que lo intentara. Aun así, decidió probar una última vez y unas manos la sostuvieron, al fin, en su caída. Se tendió sobre el horizonte confiada, cerró los ojos y sonrió; la cabeza recostada sobre las palmas, aprestándose a dormir en el vacío.

 

 

 

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Acerca de cariacontecida

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