PAREDES

 

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Julien Nonnon

Todas las paredes hablan, todas cuentan. Pregúntesele a un modesto tabique o a una pared maestra. Interróguese a los muros que tienen una memoria más espesa, más densa. Incluso en ruinas, tienen un rumor bien elocuente, atronador en el derrumbe.

Para escucharlas, no basta con acercarles el oído, hay que sentirlas. Sentirlas con todos nuestros sentidos; olerlas, verlas, tocarlas e , incluso, paladearlas. He ahí el porqué, a menudo, los niños gustan de deslizar la lengua por las paredes. Cada una esconde su propio sabor. El material del que está hecha una pared posee su propio olor y se impregna de los olores de la vida que delimita. Existe una textura sonora con distinta música según los materiales de revoque. Una pared es un instrumento que emite variaciones, según la naturaleza de nuestro contacto cuando la hacemos sonar; si la golpeamos, lijamos, perforamos, frotamos, acariciamos…

Los sonidos que las traspasan les son ajenos, no los guardan. O sí, sí los guardan, pero prudentemente los silencian. Es el caso de las palabras, mas hay quienes pueden escucharlas. Ahí sí, se requiere de una particular habilidad auditiva que sólo le es concedida a los locos; almas hipersensibles que todo lo perciben. Y  les van contando desde el principio, desde que las irguieron. Y es gracias a su discreción que es posible la buena convivencia entre nosotros, los cuerdos.  Si se pusieran a decir todo lo que escuchan, las enemistades, las rupturas y las disputas proliferarían por doquier.

También les son ajenos los graffitis. Son una suerte de  camisa de fuerza para que no se escape su verdad. Una impostura de palabras e imágenes bajo las que se les obliga a esconderse, a ocultarse y a que pase desapercibido su rumor. Paredes que son víctimas de impulsos artísticos más o menos afortunados o de enfáticas proclamas de diversa naturaleza. Las paredes afectadas los soportan con mayor o menor estoicismo, cargando con una expresividad ajena, hasta que una mano piadosa o el tiempo les restituye su natural apariencia anodina. Entonces sí, recuperan su lengua sutil. Murmullos sólidos que nos arropan y encierran.

 

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Acerca de cariacontecida

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