CONSUELO

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Alfred Eisenstaedt.

 

Riegas las manos del instante

que hace inminente la ausencia en la que brotarás.

Tus lágrimas lo redimen

de la obediencia debida,

del barro de los hombres,

de los ojos de las balas.

Enguantan la caricia

para que no la hiele la despedida.

Empapan la megafonía, las voces

y la sonrisa impertinente.

Me arrastrarán en las ondas de tu pelo,

mecido por un tren.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de cariacontecida

Buscando un lugar de expresión.
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