MOLIENDA.

Reto – Mayo

  • Crea un microrrelato o poesía (máx 100 palabras) inspirándote en la carta.
  • En tu creación debe aparecer la imagen del dado: un cofre/ un tesoro.
reto mayo

Reto opcional:

  • Que la historia contenga la palabra: sueño/s.

¿Juegas?

Para el reto de este mes de El Blog de Lídia, va a ir uno cortito:

El tiempo llevaba años moliendo sueños. Cuando los hubo dejado hechos polvo, guardó el resultado de la molienda en un cofre, subió a la cumbre de un siglo particularmente empinado, de ésos que cuesta mucho escalar, abrió el cofre y esparció el polvo. El viento lo distribuyó por el mundo.

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ESTIRGA

Brassaï

Desde mi torre os digo que ningún mal rayo me ha partido nunca, pero que casi lloro todo el Sena que guardo en mis ojos, aunque sabido es que ningún río desborda jamás una mirada pétrea. Os digo que seguiré aparentando una burlona indiferencia, pero que mi alegría se abrasó y me dejó calcinada la sonrisa, aunque toda el agua que sobre mí ha caído y caerá no apagará nunca la sed para la que tengo que beberme todas las noches. Os digo que os seguiré echando la lengua de la improbabilidad y que añoraré los momentos en que os elevabais para acariciarme las alas y fotografiaros conmigo de perfil, apoyados en mi eterno desdén. Y os digo que los días son más largos sin escuchar a Etienne, Emmanuel, Marie, Gabriel y todas las demás. Ellas dormirán un tiempo, un sueño que borre la pesadilla, pero también os digo que nosotras no podemos hacerlo. Las quimeras nunca dormimos, nunca morimos.

/https://machbel.com/misteriosa-galeria-quimeras-gargolas-notre-dame-paris/h

https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555416471_827799.html

https://www.abc.es/internacional/abci-otras-intervenciones-bomberos-notre-dame-201904161257_video.html

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#25deAbril

Revolución de los Claveles

https://www.diagonalperiodico.net/saberes/30146-revolucion-claveles-siempre-es-25-abril.html

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HUIDA.

Anja Niemi

Aquí va mi aportación al reto de Lidia para este mes de abril. Anímense a participar.

https://wordpress.com/read/blogs/140601459/posts/6669

Cuando tus palabras se volvieron maullidos, me alejé de ti para no escucharte. Me escondí en mi guarida tras un libro sin letras. Rondaste mi cabeza durante trece lunas. Los vecinos insomnes se decidieron a darte caza. Fue entonces que te abrí la trampilla de mi casa, temiendo tu linchamiento más que tu celo. Te acurrucaste junto a la lumbre de mi cuerpo. Desde esa noche son ya más de cuarenta vástagos, con y sin rabo, los que ya hemos echado al mundo. Todos han heredado tus afiladas orejas. A todos les ha sido prohibido maullar en la escuela. Ningún terapeuta los entiende.

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BURBUJA

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Clarence H. White

Llovió, llovió y llovió, tanto que el mundo se volvió una burbuja transparente y silenciosa en medio de mi infancia. Una esfera húmeda en la que refugiarse. Elástica me cobijaba, permitiéndome traspasarla sin romperse, restableciendo sus paredes tan pronto me acomodaba en su seno. Útero materno infranqueable para mis enemigos. Inexplotable. Cuando crecí y no me pudo dar acomodo, comenzó a contraerse para que yo empujara sus curvas de agua con denuedo, temeroso de verme engullido en una sístole angosta. En una de mis embestidas angustiosas se dejó romper. Una cascada multicolor traspasada por las últimas luces de la tarde me arrastró hasta los confines de la mesa y me arrojó al suelo. Adolorido y empapado me encontró la noche. Me asaltó un llanto incesante y devastador que no me dio tregua durante días. Cuando mis ojos al fin se secaron, pude observar exhausto, a través de mi ventana, el resultado de lo que parecía habían sido unas devastadoras inundaciones. Por cada lágrima vertida, un damnificado. Incontables. Sepan que cualquier dolor puede desbordarse. El mío, incontenible, procedía de un mundo de agua que yo rompí y que ninguna tierra quiso. El dolor no tiene cauce.

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MIRADA

 

 

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Louis Faurer

Y todo el amor se desparramó sobre mí desde tu mirada arrobada. La guardé en mis pupilas para evocarla en mis momentos más bajos. A veces me remito a esa instantánea para estar seguro de que una vez existió. Las luces inciertas de la noche la hicieron más verdad en aquel momento en que ambos guardamos silencio. Y todos los años pasaron sin que nadie volviera a mirarme así. Y a dónde se fueron tus ojos. Y a dónde se fue la noche en que fui un dios. Y a dónde las madrugadas de nosotros dos. Y a dónde las primaveras que se deslizaron desde tus lagrimales, y a dónde todas las flores que debiste poner a mis pies. Y me descalzo los zapatos de andar por la vida y apago la luz para encender tu recuerdo.

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ESTACIONES

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Louis Faurer.

Al contrario que a la mayoría de la gente, le gustaban las despedidas. Todas sus parejas habían sido de algún otro sitio. La relación parecía ganar en intensidad en la cuenta atrás. Los abrazos eran más cerrados -como en un tango-, los besos más profundos y las caricias más ansiosas. El amor se apresuraba y, tras la despedida, corazón, mente y cuerpo se disponían para aguardar el retorno. Éste llegó a no producirse en repetidas ocasiones y el tantas veces minuciosamente imaginado reencuentro se frustró sin previo aviso. El desgarro podía durar meses, semanas, años…, dando vueltas obsesivamente a las causas de un abandono no explicado o mal argumentado, con frases manidas -ésas que todos conocemos-. En el mejor de los casos, no importaba mucho y se seguía con la vida, como si nada. Se daba cuenta de que esto era así cada vez con más frecuencia. Extrañaba mucho el dolor recurrente, pero también acabó por habituarse a esta ausencia. La fugacidad se tornaba previsible. Las despedidas replicaban sus predecesores adioses. Fue tras una de esas despedidas que se descubrió no siendo capaz de imaginar el reencuentro. Y fue entonces que se le agarró un corazón palpitante a la altura de la garganta, cortándole la respiración y con afán de apretada perdurabilidad. Incapaz de arrancarse este apéndice impertinente por sus propias manos o por manos ajenas, consiguió finalmente deslizarlo hasta su pecho, para lo que fue preciso tiempo y la intervención de amorosas y delicadas cirujías. Cuando siente que sus latidos , que replican su ritmo cardiaco como un eco, van a detenerse, acude a alguna estación -de tren, preferentemente-, se acaricia el pecho mientras el tren parte, y la víscera recupera el ritmo sincopado al de su propio corazón. De regreso a casa, son dos corazones latiendo al unísono.

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